Velocidad crucero -inédito-. Algunos poemas de Carlos Battilana.


poesia argentina


*

El frío
no llega. Es mayo.
Hace muchos
mayos
que el frío no llega.
Nos ha ganado
por efecto
de los cambios
el clima
subtropical. Ya no
será
posible
recordar a Arlt,
el frío de la
noche,
la garúa que
lastima la cara
de sus personajes,
una ola
de hielo
congelando
la ciudad.

Luego de las
épocas cruciales
-los 70, los 90-
atrapados en el dosmil
comprendo
el movimiento del aire
las hojas dispersas
y el cambio climático
que ha afectado,
progresivamente,
la base
de nuestra
naturaleza.


*

Los pájaros se acercan
al jardín: sobre todo
gorriones, pero también
calandrias, jilgueros,
cabecitas negras, algún
hornero. Caminan
por el pasto
mueven sus cabezas
absorben
los minerales de la tierra
están preparados
ante el menor descuido.
Los pájaros
se demoran
en el conurbano
profundo
husmean
los beneficios del jardín:

¿padecerán el recuerdo
de un bosque
oscuro?

Como un resto
de otro resto
la tierra
mezcla
o articula
el residuo
de lo civil.

         
*

El orden
nos ha herido
hasta
petrificarnos

pregunto
entonces
por la fuerza
que el cuerpo
puede
dar; si tomo un manojo
de pasto
¿las cosas
cambiarán?

Aislado
del cielo
espero de él
muchas más cosas
de las que di. ¿Será
eso posible
entre
tanta petrificación?

Reduzco
el movimiento
del cuerpo
a velocidad
crucero
encierro
mis deseos
en una habitación
y descubro
al cabo de los años
que no pude
comunicar
una especie de daño
biológico
que el tiempo
alojó
en la memoria

el daño
acaso
lo que no pude
de ningún modo
fue escribir
con distinción
el efecto espeso
de los otros
el movimiento de amor.


*

En la noche
sentí el olor de la nieve.

No sabía que un inmenso invierno comenzaba
y
que desde ese momento
sucedería
una larga historia
de
exploraciones.

La nieve duerme en mi memoria.
Me habla
durante los sueños.
De vez en cuando
emite
un largo suspiro
repleto de plumas.


poesia argentina


 *

Inclinado
el cuerpo
observando la procesión
de insectos y alimañas
descuidé
el jardín
y otros seres
han hecho con él
lo que ahora
es: matas de pasto
manchones de color
marrón
canteros
destrozados, plantas
raquíticas.

El viento
cruza el terreno
pero no es viento,
es brisa fría.

Me mojo
la cara
y veo
los papeles acumulados
las cicatrices o las marcas
concentradas
en el cuerpo
y sin detener el tiempo
recuerdo
que la vida existe
corre por algún lugar.

Celebrar
es también
inclinar el cuerpo
saber
que el día
acontece
en un plano
distante
a la retórica
de lo vital.


 *

En este
tiempo
escaso con que cuento
alejado del origen
miro la lluvia
el sauce
sus ramas eléctricas
y remojo con agua
con sangre
aquello
que se ha vuelto
pulida narración
pero que aún
cuenta
con algunos huecos
de donde
extraer
el segundo, los minutos,
estas horas que aquí
están
me rodean.

Si pudiera
acostar
el cuerpo
bajo el agua
haría
que las estrías y los borbotones
arrasaran el barro
el polvo acumulado por años
y disolviera
el lenguaje
antiguo
las viejas palabras
hasta volverme burbuja
charquito
un poco de agua
en el agua.


*

Viernes santo.
El día
es un poco gris
pero diferente
a los días fríos
de la niñez
cuando el clima
subtropical
aún
no se había
propagado.
Miro
tras la ventana
la propiedad
de lo quieto.
Eso
me ha acompañado
demasiado
tiempo. Lo quieto.
Lo que se detiene
espesamente. Pero
este jardín
apenas
crece
delante de mí
y me ha demostrado
que la quietud
razona
se mueve
a su manera.
Eso también soy:
lo más quieto
el que antes
de hablar
moverse
o responder
suele quedarse
allí, en la
sombra. Como
una debilidad
lentísima
que se alimenta
de la tierra
lo que está por debajo
del pasto
y de las hojas
también cuenta.


*

han pasado los días

¿cómo pude
saber
del futuro?

los griegos
han enseñado
con prodigios verbales
los mecanismos
del destino

y sin embargo
la fe no ha dejado
consuelos
y algo que conocí
alguna vez
como si fuera
un animal muy pequeño
se ha escapado

hoy
el aire oxidado del día
las hojas que me rodean
los árboles
los días acumulados como viejos papeles
en derredor
son el presente

y con delirio
y escasa aptitud
arrojo una piedra al aire
sabiendo
que la distancia
del envío
es escasa

no espero nada del momento
y aun así escribo
por eso
no dejo de
mirar
algo que se puede llamar
la intemperie: y estoy aquí
-estoy aquí-
con los restos de la infancia,
trabajado por los días,
haciendo de este fuego
la única base
del porvenir.


*

raspo
el fondo
de la olla

la fina lámina de grasa
impregnada
en el metal
se resiste
a salir

con cuchillo
con espátula
las virutas
finalmente
se desprenden
de la base
y se desparraman
en derredor

el músculo
del brazo
vuelve
específico
el tiempo
mientras
el resultado
de la labor
son
esas virutas
en el fondo
del metal
desprendidas
de su base
y allí
dispersas.


poesia argentina


Carlos Battilana: Nació en Paso de los Libres el 19 de septiembre de 1964. Reside en Buenos Aires. Sus libros de poesía son Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005) y Materia (Vox, 2010). También publicó las plaquetas Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Una antología de sus poemas apareció en Presente Continuo (Viajera, 2010). En 2012 se reeditó Materia (La Sofía Cartonera). Sus poemas se publicaron en diversas antologías argentinas y latinoamericanas. Publica habitualmente ensayos sobre poesía en revistas especializadas. Los poemas presentes pertenecen a Velocidad crucero (inédito).

Fotografías: Jorge Nuñez.

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