Mostrando entradas con la etiqueta Mariel Fariña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mariel Fariña. Mostrar todas las entradas

Emiliano Aréstegui - Mil venados



Diez mil venados

I

En leguna el gamito recibe el rocío
así le hace con la negra nariz
y en la mera punta lo recibe
                Y le sabe a aguamiel
                          y a aguardiente
                                 y a mezcla le sabe

Y más adentro le sabe
a muslos que se ríen a carcajadas
a ojos negros de mujeres negras
a luna derramada en rama de almendro
Le sabe a río corriendo en de repente
                        y a maguey le sabe

Y más adentro también le sabe
                      y casi le cierra los ojos
                              y casi lo deja dormido.

II

El venado corre al corazón del bosque
el corazón
los árboles más viejos
ahí
en el poco sol
y en la mucha humedad
entre la penumbra y la hojarasca
hocica y come
con los ojos cerrados.

IV

Dentro de mis ojos
oscuros como escudos de obsidiana
y bajo mi piel
guardo las plumas del águila
                   que devoró al conejo
                            que pisó la ceniza
                                     la noche que nací.

VIII

Lame los ojos
toca las manos
la puerta se abre
y sale corriendo
en diez mil venados

Hoy soñé con él
a la orilla de mí andaba
pisó primero las piedras del recuerdo
una pierna dentro del agua
la otra suspendida
tensé la cuerda
solté la flecha
un aguacero de pájaros asaltó la cascada.

XI

Dicen
que el venado sueña
Y que sus sueños
           son más tristes
                    y más azules
                             que los más tristes morados.



 *   *    *    *   *


Maldonado

I

El Quizá no
El Quizá
Es el pueblo donde mi abuela parió a mi madre
Yo nací en Maldonado
Luego me llevaron con mi abuela
Cuando mi madre se fue pa'l norte
Mi abuela dice que no está muerta
Porque no lo ha soñado
Ni los perros le han acarreado carroña

Un día mi abuela supo que no volvería
Y entonces vendió la casa
Y nos fuimos a Maldonado

La única diferencia
Entre los pueblos
Además del nombre
Es que a Maldonado
En las noches quedas
Lo mece el mar
Y uno puede oír
Si está atento
Sus suspiros.

V

Quisiera estar en una lancha
En medio del mar
Y de la noche
En medio
Nada más mirando

¿Hay luciérnagas?
¿Dónde se posan las mariposas?
Miro en las noches sobre el mar
El recorrido de la luna en la joroba del cielo
Los peces mirando el reflejo de las estrellas
Nada hay más allá

¿Cuántas alas?
¿Cuàntos ojos?
Cuánta paz después de la comida

Tu tiempo es de cristal
Marea que va y viene.

VI

¿La abuela?
La abuela habla sólo cuando está dormida
Está tan muriendo que habla con los muertos

VII

Hoy martes amaneciste muerta
Y no supe llorarte
Me alagarté en la tarde
Atilinqué la memoria hasta lo antes
E intenté mirar desde donde miran las iguanas
Y no quise saber nada ese día
Ni el día siguiente
Ni el día que siguió al día siguiente.

XI

¿Quién te soñó muriendo?
Los perros no saben que estás muerta
Morir no es salir a ver el ocaso
Ni el final de un cigarro
No
       Morir es irse
                            Olvidarse de los vivos.

XII

Dicen que el mar es un escenario donde danzan las almas de los muertos
Y que los delfines ya no vienen porque los niños los maltratan.

XV

Tiene el mar
Cardúmenes de miedos
Pulpos púrpuras que desean mujeres de entre quince y veinte años
Hipocampos pariendo sueños
Porque sueños son los hipocampos
Poemas viscerales
Proféticos
De insaciables tiburones blancos
Y tiene también sus miedos.

XVII

Desmorono tu ausencia
Tu muerte
A ti
Y lo que fuiste
Dejo que escape la arena entre mis manos
Cada grano: Un desierto sin mar
¿Qué es el mar?
Miro las mariposas
Navíos perdidos
Extraviados en medio del mar
Del mar
Que es infinito depósito de calma
De azul
De agua salada
Parece quieto
Pero luego se mueve
Lento muy lento
Casi sin moverse
Se arrastra sobre sí mismo
Gira sobre sí mismo
Mira el sol y parpadea
El mar es cierto
A veces parece un animal herido.

XVIII

¿Cómo es su voz?
Un caracol está lejos de imitarla
Un caracol está lejos de imitarlo
Un caracol es sólo un eco que se repite eterno hasta su muerte
Y el mar
Viene hablando desde siempre

Primero fue él
Luego el tumbo de sus olas.

XX

Fui arrojado a este pueblo para sufrir el mar
Hay sangre en la playa y las gaviotas en vez de cardar el cielo
Se desploman furiosas sobre las espaldas de los ya frágiles recuerdos
Quiero creer que quizá con la marea venga el olvido
Pero son siempre restos
Arrojos de memoria.

XXII

Otra vez el mar meciendo el pueblo
El alma de los muertos
Los sueños
Desde mi hamaca navego
Estoy yendo al mar también dormido.

XXIV

Miro al mar mirándose a sí mismo
Me siento junto a él y en silencio escuchamos
Cuando empezó a clarear dijo
-Va y viene, no he muerto. Ni siquiera he nacido.
Meciéndome, hamaco las almas de los muertos.
No duermo, nadie duerme, es imposible dormir.
Soy el mar insomne furioso vigía de mí mismo.
Soy el mar los sueños todos, el canto de las almas, las penas de los muertos, la impotencia de los desparecidos.
Un monstruo obsesivo.
Soy el mar, me miro y me conozco.
Soy desde un principio el mar y antes de saber ya era.
Todo seguirá volviendo al mar.
En mí nace y muriendo seguirá.

XXV

Sigo soñando que me dejo caer al fondo del mar con las muñecas cortadas
Que caigo y caigo y la sangre nave de mis venas
Y yo muriendo
Cayendo
Sumergido
Pensando
Las almas de los muertos van al mar y sigo cayendo
La sangre desaparece
Se vuelve azul y yo cayendo
El mar no reposa en nada
Nada lo sostiene
No hay final
Seguir cayendo.

XXVI

El mar
Puedo escucharlo
Me mece en la hamaca sin mecerme.



Emiliano Aréstegui nació el 28 de marzo de 1982 en Chilpancingo Guerrero. Recibió el VI premio internacional de poesía Gilberto Owen Estrada con el poemario Diez mil venados o Primero el mar (UAEM2011) y el José Emilio Pacheco 2012 de poesía. Actualmente estudia Creación Literaria en la UACM donde es miembro fundador del colectivo Los anomantes, forma parte del concejo editorial de la revista virtual Monocordio. Este año recibió el apoyo del Fonca en la categoría Jóvenes Creadores por el proyecto Gráfico de poesía: Luces de león y nota roja.


Diez mil venados o Primero el mar mereció el VI Premio Internacional Gilberto Owen Estrada en el 2011, se imprimieron 500 ejemplares, dicho premio es convocado por la Universidad Autónoma del Estado de México. El jurado fue precedido por Efraín Bartolomé.


Ilustración: Mariel Fariña



Cada ola es una espina de sal – Jorge Valbuena

Acerca de la poesía de Emiliano Aréstegui


Al misterio se le mira a los ojos, se arroja un sentido certero sobre él para nombrarlo. El misterio tiene vocación de orilla, rompen contra él olas de todos los abismos. No es el misterio lo innombrable sino sus caudales. Así, como una ola que decide desnudarse, aparece el misterio en los versos de Emiliano Aréstegui. Sin un tiempo preciso (El lenguaje del mar nunca se ha hecho de momentos precisos) busca descifrar los susurros en que se va desanclando el presente, traducirlos en las huellas del agua.

Aquí el recuerdo es esa estela inmensa que reposa sobre las curvas del infinito, enorme cicatriz del tiempo. La luz se hunde por todos los costados y trafica bocas con el silencio. Dialoga con lo no habitado, lleva apellido de nunca y una piedra atragantada en el asombro. Nos entrega a otra forma del olvido, haciendo necesario lo que se ha herido, luminoso lo que duele.

Cada verso es un reflejo desconocido que nos golpea una parte de la ruina, levantando a cada paso una certeza que se desmorona. Las palabras en la poesía de Aréstegui sufren también la desazón de las esperas, del vacío; sufren la existencia de entregarse a una voz que está difunta. Ello se presiente en este ritual donde las palabras restituyen el respiro, brindan esa calma de sumergirse en la tempestad buscando espejos perdidos entre sus espinas.

Caminar por estos pasillos sumergidos que penden de los poemas de Aréstegui es trasplantar una huella en una sombra, una sombra en un huerto de sol, un sol en una tumba de ciénagas, y ver en ellas el salitre que despunta como un signo de adioses nunca dichos.

octubre de 2009



Ilustración: Mariel Fariña

Rocío Pavetti - Rebota mi voz


poesia argentina



del libro Escafandras (Ediciones Recovecos, 2009)


SILENCIO

Paso a paso rebota mi voz
en un eco de dedos.
Cada día ahueca su instante,
su breve agujero negro
que me mira desde adentro.

ºº

Los besos se adelgazan hasta resbalarse por mi memoria.
La astucia se acorta cuando la espera te atrasa.
Ando en  mi casa juntando las pestañas que me ganaste.
La ausencia  nos está volviendo tormenta.

ºº

Y si hablabas eras burbujas de jabón
y yo fingía ser aire.
Y pluf y pluf.
Y nunca más podía verte seca de rencores.

ºº

Volver a gravitar por donde se cayeron las cosas.
Trepar al borde de lo alto, lo más alto,
para cuchichear desde tu hombro
lo pequeño que espantamos.

ºº

Hacerse de aire
para vivir en los otros,
para que nos respiren.

ºº

Me hubiera ahuecado hacia afuera
y mi invitación tendría
la forma de tu abrazo.
Hubiéramos sido
entre la tibieza y la escarcha.

ºº

Se teje en versos
este amparo para  el viento.

ºº

El vaivén eclipsado de la arena
este arrullo de espuma entre los dedos
¿Hasta cuándo seguiré subiendo
al barco dentro de una botella?

ºº

Hoy no desperté en mi cuerpo.
El silencio me ha vuelto
un hilo de aliento
en alguien que nos grita.

ºº

Como si hubiera que ser frágil y amarilla como un pollo.
Me agarro de la cintura... (aquí no).
Me estiro el dedo meñique... (acá tampoco).
Pero si subo al cuello
y me aprieto con una mano... Ahí está,
de nuevo la mortalidad.

ºº

Flotar.
Todo se cae del peso,
por su propio peso.
¿Quién detendrá el silencio
para pronunciarme
callada?

ºº

Me mudo al viento.
Me cansé
de las burocracias de la soledad
que dilatan los espejos
del caleidoscopio
que nos inventa.


ºº

Del libro inédito “Feliz feliz cumpleaños”



El día que te diga que te quiera te vas a dar cuenta que no te puede pasar nada. En vez de alas te van a crecer garras. Unas garras chiquitas primero, como de felino. Vos después encargate de sacarles filo para que no te molesten. Pero el día, el día ese, te vas a dar cuenta que siempre te quise. Y a eso si querés guardátelo en la billetera. Da buena suerte.

---------------

Un disco que dice.
Y decirlo hasta que ya no se escuche el disco.
Anularlo con presente contado: sí, vos y yo deberíamos estar acostados en el suelo escuchando. Sí, no me roces. El disco, el disco. Escuchá.
Ahora te crece dejar besarme.

--------------


Tuve que mirar cuando todavía estaba reconociéndome por mi olor.
Nadie notó que vigilaba tu alegría. La mirada fija en el gesto que quisiera ser una oración.
Un día me dijiste que tu vocación no era otra más que el aliento. Y me fui.
Cómo será ser primero pez, antes agua, después barro y al final saberse un soplo.
Cómo recordaremos nuestro perfil cuando seamos tan castos como estatuas.


---------------


¿Viste? ¿Que si los vientos son azafranados las fotos salen en sepia?¿Viste qué tontas se vuelven las preguntas cuando las escribís?




-------------------------------------------

Mientras vos dormías tranquila abrazada a la paciencia segura y soñabas una mañana perfumada, yo pateaba mis recuerdos para hacerme espacio.
Vos tomabas nota sobre el futuro y cavabas con  cautela el jardín de lo que se puede. Adornabas con plantitas el cerco que separa lo que nunca jamás. Yo salía de excursión por el barrio. Iba acompañada. Iba sola a no encontrar.
Justo cuando vos hacías planes de vacaciones, de comidas, de médicos, de lo que sí o sí tiene que ser este año; yo me las arreglaba para llegar al final del día. Para estar comida. Para estar bañada, para poder decirle al chico que me da verduras buenos días. Para poder decirle y que me creyera que hoy también es un día lindo y que mañana todavía nos espera lo brillante saliendo del suelo, desperezándose la agonía a puro aire.


Mientras vos venías a visitarme y me llenabas el almuerzo de cosas amarillas yo miraba fijo las preguntas de todos los días y les sonreía como a vos, segura de estar en el mundo de los mientras tanto. 


---------------------------

Feliz cumpleaños.
La ayuda que te voy a pedir es que cuando me veas bailando vengas. Y estés cerca mío y no me amenaces con el mundo. Que me rodees algodonadamente y que no dejes que me hagan nada. Así yo no me hago nada. Así al otro día puedo estar en el mundo. En un mundo que no se mueva tanto. El mundo de las cosas que salen de su casa y hacen cosas.

---------------------------



Esto que te digo no se lo dije a nadie. Que estaba todo oscuro como por llover y cayeron tres gotas. La primera en mi oído. La segunda cerquita en el suelo. A la otra no la vi. Pero seguro cayó por ahí. Por eso de que siempre caen dos o tres gotas.
Listo.


-----------------------


Me desperté sintiendo sólo una lengua. Me quedé acostada pero estuve siendo la boca de un lagarto. Esos que se camuflan para que el mundo no los devore.
La lengua es un órgano de conocimiento.
Entonces despertar. Lamer el día. No encontrar. Recorrerte hasta en sueños con la peligrosa cautela de un lagarto.
También escribir.


-----------------------



Rocío Pavetti nació el 26 de agosto de 1986 en Corrientes, Argentina. Durante su niñez vivió en las Sierras de Córdoba.
En la actualidad reside en Córdoba, en donde culmina sus estudios de Licenciatura en Letras Modernas  (Universidad Nacional de Córdoba). Participa del equipo de investigación “Las experiencias de la voz, la imagen y el cuerpo en escrituras poéticas contemporáneas” (SECyT, UNC).
En 2009 publicó su primer libro de poesía, Escafandras (Ediciones Recovecos). Basados en este libro se han realizado un corto de animación (“Escafandras” por Raúl Moreschi); canciones de las bandas Le hochet, Témcrides y Hernán Libro y fotografías de Lucila Morán Torres.
Ha participado en diversos ciclos de lectura. Algunos de sus escritos han sido publicados en revistas, plaquetas, blogs.
 Actualmente administra el blog elpuentebajoelagua.blogspot.com .





poesia argentina
Ilustración de Mariel Fariña





Las voces del poema - Santiago Rouaux

Todos los jueves paso la tarde con Ángel. Ángel es un hombre de mediana edad que tiene un diagnóstico de esquizofrenia. Entre otras cosas, Ángel escucha voces que le dicen lo que debe hacer y dejar de hacer. Todos los jueves, pasamos la tarde juntos. No hablamos mucho. Ángel pasa gran parte del tiempo ocupado en lo que llama “su vida interior”. Me pide que por favor guarde silencio, pues debe ocuparse de sus asuntos. Cuando Ángel se recuesta en su cama y se tapa con las sábanas hasta la cabeza, yo sé que se encuentra ocupado y que no debo interrumpirlo. Entonces saco un libro, unos apuntes o un cuaderno donde escribir, y me ocupo también de mi “vida interior”.
Una tarde saco los poemas de Rocío. Los leo, sabiendo que tendré que escribir algo sobre ellos. (Si bien pasé varios años en la carrera de Letras antes de dedicarme finalmente a la Psicología, confieso que descreo bastante de mis capacidades como crítico). Leo los poemas de Rocío un poco presionado, con esa exigencia tonta que nos ponemos a veces de decir algo original y que es el mejor atajo para no decir nada. Leo los poemas de Rocío y no logro encontrarme con ellos.
Entonces, dejo las páginas a un costado, cierro los ojos. Un solcito agradable entra por la ventana. Ángel está en silencio, ocupado en lo suyo. Yo respiro profundo, dejo la mente en blanco, dormito unos minutos. Abro los ojos y vuelvo a agarrar las páginas. Trato de olvidarme de todo, del lugar donde estoy, de Ángel, de mí, y sobre todo de que debo escribir algo sobre esos poemas. Vuelvo a leer los textos de Rocío, y algo ocurre. Escucho, ahora sí, las voces del poema.  
Escucho por ejemplo: “Se teje en versos / este amparo para el viento”. Escucho: “El vaivén eclipsado de la arena / este arrullo de espuma entre los dedos / ¿Hasta cuándo seguiré subiendo / al barco dentro de una botella?”. Escucho: “Flotar. / Todo se cae del peso, / por su propio peso. / ¿Quién detendrá el silencio / para pronunciarme / callada?”. Pequeños fragmentos de voz que se encienden y se apagan como luciérnagas. Que evocan escenas fugaces, apenas esbozadas, donde el sentido se equivoca todo el tiempo, se esfuma, se hace agua, no para hacernos perder de vista la referencia del poema, sino para multiplicar sus posibilidades. Es la apuesta de Rocío: cada poema es una pequeña escafandra, más o menos empañada, que nos permite ver más allá de lo que vemos, como quien sumerge la cabeza en un mar tropical para descubrir un mundo de colores. 
Leo los poemas de Rocío y me dejo llevar por las voces. Y así pasamos la tarde, Ángel y yo, cada uno ocupado en sus asuntos. 


Santiago Rouaux, Buenos Aires, 1984.