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Un Malón en la Rural, una isla y los barquitos de los deseos




-Nos invitaron a la Feria del Libro.

-Qué?

-Ivan Moissef, uno de los coordinadores de Zona Futuro, nos escribió por face y nos invitó a la Feria!

- Bue ní si mo! Y ahora?

- Sí, buenísima onda. Y ahora... hay que ver qué hacemos.

Esta entrada es para contarles que fuimos invitados a la Feria del Libro: según textuales de Moiseff, para "jugar a pasar del mundo virtual al formato 3D, al menos por un rato". Aceptamos con gusto, después de todo, no todos los días un malón tiene un convite a la Rural!

Esta entrada también es para contarles: no nos resultó fácil pensar cómo concretar ese pasaje del mundo virtual al formato 3D porque ¿cómo trasladabámos por ejemplo el cruce entre poemas e ilustraciones? ¿ de qué forma llevábamos ese día, en una hora, el blog a una mesa? ¿y sumamos los comentarios? ¿cómo? ¿cómo? ¿cómo? ¿y tiene un centro este proyecto? ¿un espíritu el blog?

En el Mar de las Preguntas, hacíamos agua y discutíamos con Tom, en un café o por teléfono, y -todavía- no llegabamos a nada. Remamos, remamos, remamos hasta que encontramos esta isla: quiero decir, creo que una lectura siempre es una isla, un paraje inesperado que, con suerte y viento a favor, se convierte en un pequeño refugio momentáneo, lleno de gente solitaria, con ganas de escuchar y de tomarse una cerveza. No tanto como La Isla de Stevenson sino más bien como La isla desierta de Arlt, con esos oficinistas que quieren escaparse, evadirse, mirar por la enorme ventana de cristal cómo se dibujan sus deseos, como barquitos que pasan y se disuelven a lo largo del río.

Esta entrada entonces es para decirles: Sigamos esos barquitos, saltemos por la ventana, en el medio de la ciudad, en el Predio de la Sociedad Rural Argentina, los invitamos, nos invitamos a nosotros mismos y a todos a escaparnos. Les proponemos este pequeño refugio, esta isla antioficinista, con cuatro poetas que admiramos y que nos encantan, con Javier Roldán, con Hugo Zonáglez, con Sol Fantín y con Nicolás Domínguez Bedini. Un malón de lujo la verdad.

Y además, vamos a grabarlo todo y a ver qué pasa, como en la peli de Tom Hanks o en la Perla de Once, vamos a construir ahí mismo una nueva balsa y nos iremos otra vez a naufragar, para encontrarnos otra vez con otras islas, otros malones, otras derivas, como siempre desde el blog, con poesía pero también con ilustraciones, comentarios y ahora también con estos futuros videos.

Ojalá les cope ser parte, hay espacio para todos este miércoles, a las 18:30 hs. con estos poetas increíbles y y su lectura, y después, más allá, otra vez querida Terra Incógnita!

Nos vemos el miércoles!
Patricio




Nicolás Domínguez Bedini - Sweet dreams are made of this


poesia argentina



No me quise despertar

No me quise despertar
estaba soñando con una canción pop perfecta
y con la Reina del Emporio de las Galletitas. Incluso
el estribillo de la canción
repetía incesante la palabra Manon cada tanto. Y en la abarrotada sala de conciertos
todo el mundo tarareaba Manon, Manon…y sonreía con dulzura.



Las orejas rojas

Las orejas rojas    
las tuyas y las mías
a ambos lados del teléfono.
Bravuras de deseos inconfesables
saliendo de nuestros labios
entre risas y fondo de ojos llorosos
los tubos recalcitrantes
y las orejas rojas rojas
acortando distancias.



Esencial dream

Soñé que en otra vida fui mudo
pero podía escuchar los sonidos del agua.



Sueño doméstico

Me falta la preciada herramienta
para desarmar una cosa.
Eso debería haber pedido
para el día del padre:
una pico de loro
para que ande por fin
el lavarropas, por ejemplo.
Menos intensa que un hacha
pero más necesaria
para la armonía conyugal y familiar.



Un sueño que gira alrededor de algo

Las olas no se escuchan.
Los árboles están detrás del mar.
El viento no corre.
Hay silencio y ese silencio
llena de luz
el acto mismo de la contemplación.



Sueño antropológico

Los pájaros amarillentos cantaban
y con micrófonos de aire
infructuosamente
traté de grabar sus cantos.

Cinco meses de trabajo
en una tribu aborigen
lejos, muy lejos
en una región que quizás no exista
o sólo exista en mi imaginación.

Llevaba de acá para allá
el grupo electrógeno y todos los equipos
pero algo impedía que las grabaciones de esos cantos
salieran bien. Sin embargo, esta mañana
desperté imitando los cantares completos
de aquellos pájaros amarillentos.



Sueño de cowboy junkie

Tuve un sueño:                                 
me encontraba con Townes Van Zandt
en un pequeño bote,
estábamos frente a frente
pero no nos mirábamos a la cara.
Mis hermanos Margo y Peter
junto a nuestro amigo Alan Anton
remaban con la mirada fija en el horizonte.
Todos sabíamos en qué empresa estábamos embarcados:
nos dirigíamos a una isla
donde dejaríamos a Townes solo                                        
con sus demonios interiores a cuestas
lejos de las carreteras, excesos y escenarios
para morir en paz.

Llegamos a la lejana isla
cuando empezaba a llover
y yo acompañé a Townes hasta la orilla.
Se sentó en una roca sin dirigirme la palabra.
Creo que veía el mundo mucho más claramente que todos nosotros
me di vuelta para irme, pero antes musité: “Townes”.
El seguía absorto.
Luego de unos segundos
me miró a los ojos y su expresión se volvió luminosa.
Gracias”, me dijo. “Gracias por traerme hasta acá
y ayudarme a cumplir un viejo sueño”.

Volví al bote.
Esta noche la lluvia
será mi canción de cuna, comenzó a cantar      
cuando nos alejábamos de la orilla.



Todos los poemas, de Sueño con lavadoras y otros poemas, Editorial Bajo la Luna (2013)



Nicolás Domínguez Bedini (Buenos Aires, 1973) es poeta, narrador y DJ. Publicó en las revistas Unión y Amistad, La Guacha, Diario de Poesía y La novia de Tyson. Es autor del poemario Decirte al oído (El Monte Análogo Ediciones, 2007) y de Sueño con lavadoras & otros poemas (Editorial Bajo La Luna, 2013). Médanos de oro se titula su primera novela que permanece inédita. Desde el año 2000 realiza performances y lecturas de poesía en galerías de arte, recitales y librerías. Entre el 2006 y el 2009 crearon con Gabriel Rud, El Monte Análogo Radio, un programa de Spoken Word, improvisación, poesía y canciones, trasmitido online por UnaRadio.
Colaboró con artistas como Guillermo Ueno y Lola Goldstein; con músicos independientes como Lucila Inés, Gastón Caba, Prietto viaja al cosmos con Mariano y Carlos Alonso (Unoxuno), entre otros, y participó en la película La Energía Directamente del cineasta Martín Carmona.
Actualmente, coordina talleres de escritura y lectura poética en forma particular e integra la banda PAAR junto a los músicos Jerónimo Escajal, Ignacio Fila, Hernán Balzarotti y Fernando Lamas. Símbolo de fósforo es el primer cd de la banda que acaba de ser editado por La Trompetilla Acústica Ediciones.

www.nicolasdominguezbedini.blogspot.com


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Ilustración: Pau Wegman

+ info en
https://www.facebook.com/PumParaArriba.PauWegman?fref=ts




¿Cuál es el territorio que delimitan los sueños? - Sol Fantín


¿Cuál es el territorio que delimitan los sueños? En esta constelación de siete poemas de Nicolás Bedini (1973) una voz[1], desde el mundo de los despiertos, intenta cartografiar una región que acaso sólo exista en la imaginación del que la sueña. Se trata de un territorio imposible de deslindar del propio sujeto que a la vez produce, padece y relata cada experiencia. Así, la coexistencia de lo propio y lo ajeno, del yo y de lo otro,  da consistencia al plano en el que viven estos siete artefactos: se trata de criaturas respirando el mismo aire que la feliz paradoja de Rimbaud (“Yo es otro” [1871]), y por eso se inscriben en la vieja tradición de la modernidad decadente. De hecho, los poemas se pronuncian a favor de la continuidad: si el discurso se interrumpe caprichosamente en versos, lo hace sin perder el hilo de la sintaxis. Sin embargo, los cortes de verso insertan blancos ahí donde el flujo del lenguaje tiende a generar una superficie compacta: como si quisieran dar espesor a algo que podría oírse en los intersticios de las frases. Algo que se escurre. Así es como “Un sueño que gira alrededor de algo” propone un paisaje imposible de olas que no se oyen, árboles que no se ven y viento que no corre, donde un silencio repetido ilumina el acto de la contemplación: no habría sujeto, si no supiéramos que toda frase elide el “Yo digo que” (gracias, Benveniste): alguien nombra la naturaleza abstracta pero tacha su percepción, queriendo borrarse a sí mismo –como si fuera posible el puro objeto. Sin embargo, el deíctico delata al sujeto elidido (“Hay silencio y ese silencio/ llena de luz/ el acto de la contemplación” [destacado mío]): alguien señala desde el centro, alguien que quizás se superponga con el algo alrededor del cual gira el sueño. Si los siete poemas buscan registrar una experiencia de lo otro, éste en particular señala una otredad instalada en el centro de sí: un lugar de enunciación ajenizado, que completa el recorrido del alguien al alien. El centro aludido pero no nombrado conduce, por afinidad retórica, a “Esencial dream” [destacado mío], donde el adjetivo esencial es nuevamente ajenizado por la palabra extranjera que extranjeriza todo el sintagma, obligando al discurso doble de la traducción. En este poema el soñador no se borra a sí mismo, pero se desplaza a otra vida en la que no puede hablar: “Soñé que en otra vida fui mudo”. El que habla da testimonio de la experiencia de otro que es él mismo (saludos de nuevo, querido Rimbaud, saludos a Borges, saludos a toda la familia del siglo XX). De este modo, los poemas van esbozando los paisajes imaginarios del sueño como territorio paradójico, donde se puede ser otro sin dejar de girar alrededor de algo que enuncia. En “Sueño antropológico”, este gesto cristaliza en la forma de una caricatura de la modernidad europea intentando asir a su otro: el soñador se representa a sí mismo como un antropólogo bellamente ridículo, que intenta grabar a los pájaros con micrófonos de aire, y fracasa. El territorio es lejos, muy lejos, e íntimo a la vez, ya que sólo existe en su imaginación. Allí, los cantos de los pájaros amarillentos no se dejan enlatar –acaso ya saben, porque lo señaló tempranamente Benjamin, que si se dejaran reproducir técnicamente perderían su aura. Una vez despierto, el soñador puede hacerlos audibles en su propia voz: “Sin embargo, esta mañana/ desperté imitando los cantares completos/de aquellos pájaros amarillentos”. El propio soñador-antropólogo ofrece una pista para reconstruir lo que ha ocurrido: trabajaba en la tribu aborigen, quizás la misma a la que ser refería Mallarmé cuando, un siglo antes, afirmó la añoranza por las palabras de la tribu. “El poeta, el escritor, no será […] sino un deshipnotizador de palabras dormidas que al despertar de su larguísimo sueño se encuentran mucho más revitalizadas y lozanas” [Riera, 1992]. Se trata, en efecto, de la cosmovisión romántica en la que un poeta iluminado debe “‘Donner un sens plus pur aux mots de la tribu’, debe devolver –así se ha divulgado en castellano– a la tribu el estricto sentido de las palabras” [ibíd.]. ¿Cómo no leer, en esa búsqueda de lo originario, del canto, una nostalgia platónica? Me refiero a la preeminencia del logos que creo que Derrida explicó a partir de la preeminencia que solemos darle a lo oral por sobre lo escrito, en la búsqueda de los orígenes. De hecho, la preocupación por lo que se oye es también un hilo que comunica cada composición con las demás: la canción pop de la Reina del Emporio de las Galletitas y todo el mundo tarareando el estribillo, los deseos inconfesables saliendo de los labios a uno y otro lado del teléfono, los sonidos del agua, las olas que no se escuchan, los pájaros amarillentos cuyos cantos no se pueden grabar, el canto de Townes sobre el agua, invocado por el soñador que por primera vez dice (o casi dice: musita) su nombre. No obstante, también es posible pensar que en “Sueño antropológico” el origen del canto está perdido, y lo que se coloca en su lugar, lo que el soñador trae como presa de su aventura ab-origen, es una imitación que acaso se pierda en el flujo de las repeticiones. En cualquier caso, lo evidente es que los aparatos modernos fallan en el intento de asir lo del otro lado, mientras que en el lado de acá, el de la vigilia, los aparatos funcionan: es el caso del teléfono que acorta la distancia entre las orejas rojas rojas, consumando el encuentro con otro que, por primera vez, no se confunde con el yo. Es cierto que en “Sueño doméstico” el lavarropas no anda, pero lo que lamenta ese padre es no poder arreglarlo. No quiere el hacha intensa para destruirlo, sino la herramienta para desarmarlo y reconstruir, de esa manera, la armonía conyugal y familiar. Nuevamente, el poema se pronuncia a favor de la armonía –tan cara a Mallarmé –y cómo no, de la continuidad. Ahora bien, la herramienta que ese padre lamenta no tener es una pico de loro: metonimia del canto de los pájaros, en el mundo de los despiertos se trata de un objeto pedestre con un nombre gracioso. Y es que no todo es tradición simbolista en estos poemas: Bedini es, sin duda, un poeta de la tradición pop que sabe escribir Emporio de las Galletitas con mayúscula cuando hace falta, o evocar a la folk rock band de los ochenta (Cowboy jonkies), acaso como un guiño hacia la cultura tardomoderna que, con cuotas variables de cinismo, reconoce y usufructúa la recreación de lo originario devenido objeto de consumo. Así es como Townes Van Zandt se queda solo cantando, desde la orilla, unos versos tan amarillentos como los cantos ab-orígenes (“Esta noche la lluvia/será mi canción de cuna”) y con ello cumple su sueño, dentro del sueño de otro, que lo escribe. Más que una cartografía, esta constelación de poemas construida por Malón-Malón a partir del libro Sueño con lavadoras y otros poemas de Nicolás Bedini, forma una especie de album de fotos intervenidas con photoshop, que invitan a leer lo que no se oye pero se filtra, de alguna manera, por los intersticios de la escritura.


Sol Fantin
Villa Luro, julio de 2013




[1] ¿Una voz? Más bien, lo que tenemos delante es escritura, y en este caso, una escritura especialmente preocupada por lo que se puede oír y lo que no, lo que se puede decir/ musitar/ tararear/ cantar, y la frontera de la mudez. En cualquier caso, todas esas variantes caben en la escritura, que acaso venga a introducir el silencio –como quería Blanchot– en la medida en que suprime el murmullo incesante del vacío. Después de todo ¿no es necesario el silencio para poder dormir –y soñar?

Sol Fantín - Una nena mala no se quiere ir a dormir


poesia argentina




y si fuera ésta
la verdadera noche de mi vida?

De Un meteorito puede acabar con la tierra esta misma noche.
* * *

que una hoja de las cientos de hojas de este árbol
se vuelva de repente amarillenta
y se desprenda o algo la desprenda
de la rama
y se caiga
a devenir adorno de vereda
no es trivial
que yo la vea después de la tormenta
atorada en la alcantarilla sucia
es un hecho que nunca se repite
ver las cosas despacio
temblando en el huequito de las manos
como un pájaro herido

De Un meteorito (…)

* * *

mañana es el verano
esta noche los árboles festejan
afuera los escucho enredarse en el viento
la luna es su cómplice
a partir de mañana
sol jazmines oasis el verano
cómo no celebrarlo con palabras que trotan
como cachorros ancestrales

De Un meteorito (…)
* * *

desde hace años tengo una teoría le puse de nombre
teoría de la reciprocidad y el axioma es:
los sentimientos son siempre recíprocos sin excepción
por ejemplo:
pasión confusión quiero pero mejor no
qué linda qué lindo pero qué tonto yo ni loca
yo ni loco con ésa con ése pero ay qué linda qué lindo
me está mirando o es mi imaginación
sí me miró de reojo es obvio
pero qué le voy a gustar yo si está con el novio con la novia
estremecimiento suspiro ay bueno qué tarado
todo eso todo es siempre mutuo

De Un meteorito (…)

* * *

el amor es clarividente telépata
uno no confía ése es el problema
razonar es reptar
pero hay que tener pelotas
como decía un amigo mío borracho:
a jesucristo los huevos se los llevaban en carretilla
si querés saber qué siente por vos
en tu propio remolino vas a saberlo todo
la objeción más obvia más frecuente:
me enamoré de alguien que no quiso estar conmigo
que me dejó
yo digo que uno de los dos miente
se miente
no no no es incomprobable
hay que probar para darse cuenta
se puede incluso explicar metafísicamente:
todos somos uno
hay un solo corazón en el mundo no muchos
un agua subterránea y nosotros somos fuentes
chiquitas de esa agua sola
pero pensar es reptar.

De Un meteorito (…)

* * *

ruido de animales salvajes

tengo muchas ideas pero ninguna es mía y yo
que crecí en la selva no quiero
balancearme en las lianas propiedad de otros monos
o quizás a la noche me trepe por los troncos con un filo
en los dientes
y corte muchas lianas y las lleve a mi guarida
y en la sombra
del fuego después teja con ellas mi propia liana gordísima
la liana de mi triunfo y de mi humillación:
la idea entretejida con todas las ideas
para colgarme de ella y balancearme en el último
vuelo de un cuerpo abandonado

De Un meteorito (…)

* * *

nena

soy una nena mala que no se quiere ir a dormir
soy una nena buena que escribió sus poemas antes de ir a dormir
soy una nena linda con mis ojitos de lagarto en celo
soy una nena fea con mi olorcito a pasto cortado
soy una nena que podría ser madre de otra nena
soy una nena mala que no se quiere ir a dormir

De Un meteorito (…)

* * *

vos también te diste cuenta de que el mundo
no es esférico: es un cráter
adentro de un volcán?

vos también aullás de noche algunas veces
por lo bajo y otras fuerte
otras desnudo?

y los mareos vos
también te balanceás de vez en cuando
para encontrar los bordes?

vos también palpás tus órganos por dentro
para ver de dónde vienen los ecos que retumban
por tus huesos como en túneles de subte?

naufragaste vos también y estás sentado
a la orilla de tu isla?

(te puedo amar?)

De Decime que soy linda.

* * *

señora algo más? me preguntó el verdulero ayer a la tarde
dándome una bolsa de mandarinas –señora
dijo y yo que naturalmente y tal como salta a la vista
no soy una señora pero tampoco
reivindico el señorita
de camino a casa con mi bolsa de mandarinas
y seis pesos menos en mi monedero me pregunté
seriamente por la naturaleza de esta entidad
que veo cada mañana en el espejo del baño y a la cual
por un curioso desdoblamiento del lenguaje
insisto en denominar
YO

señor verdulero la puta que lo parió
el señora se lo mete en el orto pero a ver
qué mierda soy yo entonces
a ver

partamos de cero
soy un mamífero hembra –lo cual
implícitamente reafirmo cada noche
al tomar mi pastilla anticonceptiva, y cada mes
al renovar mi provisión de toallitas con alas –soy bípeda
cuestión urgente a la hora de encontrar en mi cómoda
dos medias de un mismo color –tengo
pulgar oponible dotado de alta sensibilidad
rasgo que debería destacarse cada vez que intento
delinear la línea superior de mi párpado
sin éxito visible –en fin soy humana y dicen
que por eso a los ocho meses desarrollé
 la facultad simbólica es decir
dupliqué mi cerebro creyendo
percibir detrás del mundo otro
mundo de sentidos que ahora tengo
haciéndome cosquillas en la lengua por haber
devenido laberinto de piedrapalabra y que empleo
sin cesar para hundirme en unas redes de difícil
manipulación aún
para un mamífero hembra bípedo
con pulgar oponible de alta sensibilidad
además –dentro de la cultura
a la que pertenezco soy
MUJER
cosa que también supongo
salta a la vista

OKEY
hasta acá todo bien
pero lo de señora
ah no lo de señora se desborda
de lo que yo puedo aceptar
con mis 29 años recién cumplidos y
unas ganas infinitas de comprarme un skate
y salir a rodar por este desierto de calles
con un bolso lleno de mandarinas un porro y mi netbook
hasta demoler el puto laberinto que mutila mi errancia
y atreverme a besar con una lengua
con una lengua blandísima que se derrita
que sea agua que corre y pasa después
después de cada
mordida
de amor.

De Decime que soy linda.





Sol Fantin nació en Buenos Aires en 1982. Desde que su hermano le enseñó a escribir cuando ella tenía cuatro años y él siete, escribió sin parar. Editó Un meteorito puede acabar con el planeta esta misma noche y Decime que soy linda -ambos por Milena Caserola, en 2011. Ese mismo año, junto con Sebastián Kirzner convocó al primer Slam de Nueva Poesía Oral en Argentina -torneo de poetas que se sigue realizando en Buenos Aires -y formó parte del grupo de poesía oral Poesía Estéreo. También participó y sigue participando como invitada en numerosas lecturas de poesía en diversos ciclos y eventos, en múltiples espacios, entre los que se cuentan la FLIA, La Estación de los Deseos, El Emergente, el Centro Cultural Matienzo, el Burlesque, la Librería Galerna, el Archibrazo, Casa Brandon, y varias casas extrañas donde se organizan movidas sin pedir permiso. Fue invitada también a los programas de radio Nosotros con Tu Madre (Radio del CC Matienzo), El cuartito de Bogado (Infernet La Radio), Hacé lo Que Quieras (Radioeter),Confesionario de Cecilia Szperling (Radio UBA), y El Fin del Finde (Radio Nacional Rock), de cuya Antología 2012 participó. Publicó "Un casi borde" en revista La Fisura N° 4. Como estudiante de la Licenciatura en Letras (UBA) obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid, donde tomó cursos de filosofía, literatura y artes. En Madrid ganó el Slam Especial de San Valentín (febrero de 2012) y participó como poeta invitada en los Slams de Madrid, Ciudad Real y Barcelona. Colaboró con los Talleres de Slam en Institutos durante el Slam Nacional de España 2012 en Jaén, y fue convocada el Slam Nacional Barcelona 2012 en el Museu Picasso. Junto con Anne Gauthey -con quien integra el dúo de poesía oral bilingue Frappé-Frappé -y con Sebastián Scocchera leyó en varias escenas abiertas de slam en París, donde también coordinó un taller de escritura creativa bilingue en el Centre d'animation Louis Lumière. Fue docente de la cátedra de Literatura Española III en la UBA. Trabaja como maestra de grado en escuelas públicas de Buenos Aires.


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Ilustración en óleo de Martina Trach




El fin del mundo - Martín Jali


¿Cómo será el fin del mundo? ¿Nos extinguiremos por radiación solar? ¿Zombis? ¿Cataclismo terrestre? ¿Un asteroide ardiente atravesará el universo para al fin estrellarse en el corazón de nuestro planeta?
No importa. Lo interesante es qué haríamos ante su inminencia. Si lo real se abre paso a través del poema y permite desarticular la materialidad del mundo, estas piezas de Sol Fantín arriman un conjunto de problemas en relación al sentido, la identidad y la representación del paisaje. Es más, encuentro en esta selección,  a cargo de los ideólogos y cultores de Malón Malón, un delicioso arco poético.  Todo comienza con una pregunta total –esa noche única, la que siempre esperamos, donde seremos hiper lúcidos y amados, donde estaremos hinchados de autenticidad –y cierra con un gran estallido del Yo. Acá hay poemas de dos libros distintos, uno anterior, otro posterior, hay un flujo, una transición, un pasaje entre un foco de atención a otro. Hay dos libros, entonces: Un meteorito puede acabar con la tierra esta misma noche y Decime que soy linda. Y hay poemas. En los primeros el eje está en el paisaje y en la transformación de la naturaleza. El Yo existe pero está camuflado, es tímido, quiere pasar desapercibido, tiembla y ve las cosas despacio, se vuelve un pájaro herido en el hueco de una mano. Es el Yo de un investigador que, como aquel modelo científico del siglo XIX, busca pasar desapercibido. Así, duda: solo hay teorías o axiomas, desconfianza total ante el mundo. “Razonar es reptar” escribe Fantín, porque escribir es fabricar una materialidad. Se acude a la metafísica, al mal de amores, a la animalidad. Finalmente, como en “Ruido de animales salvajes”, la escapatoria radica en salirse del cuerpo. ¿Por qué? Sencillo: esta misma noche, tal vez mañana, un meteorito puede acabar con la vida en la Tierra. Es el imaginario de la catástrofe. Lo que queda es una expresión voraz, anclada en el ritmo y la repetición, en la falta de signos de puntuación que aceleran la mixtura de la grafía. Por algo Fantín es asidua participante de los Slam de poesía oral. Su poesía está hecha para ser  recitada.

Los poemas de cierre pertenecen a Decime que soy linda. En el anteúltimo de esta serie, aparece por primera vez un Otro que mas bien funciona como un Uno especular, un interlocutor que también se permite dudar. Se trata de un naufrago, una figura que enriquece la médula poética de Sol Fantín. Alcanza así, versos muy poderosos:

“vos también palpás tus órganos por dentro
para ver de dónde vienen los ecos que retumban
por tus huesos como en túneles de subte?”
          
Lo sabemos: necesitamos un otro, aunque imaginario o retórico, para hablar de amor. Y Fantín habla mucho y bien de amor. Con el último poema el arco poético llega a su fin: el flujo se cierra. Ya no es más el paisaje, la teoría, la duda o la búsqueda de la autenticidad. El Yo no se oculta. Aparece con todo el power: dice tener 29 años, llevar mandarinas y porro y querer andar en skate. Se trata de una señorita moderna que marca su territorio con furia.    


Martín Jali - Buenos Aires, 1984.