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Carina Sedevich - No pudimos impedir que el dolor se revelara




De Cosas dentro de otras cosas:

vii
Ahora contra el cielo oscuro las ramas son más duras
y el aire que mueve los sonidos es veloz.
Miro siempre la misma
columna de estrellas en el sur.
Pienso
que si algo hubiera cambiado lo sabría.




De Incombustible:

1


Incombustible
-dos puntos-
tiene tres acepciones y la última
de poco uso, dice el diccionario,
es algo así como “desapasionado”
-coma-
“incapaz de enamorarse”.


4


La gata me habla como un bebé.
Y me lame las manos
como un perro.
Y monta guardia mientras duermo
como un planeta.
Cuando escribo
se acomoda sobre los papeles.
Y me mira.
Sólo para que sepa
que ella está.

El peor momento es la mañana.
Ella lo sabe.
Cuando sé que no puedo dormir
más.
Y confirmo que estoy mejor así
sola y despierta
pero recuerdo vagamente
las trazas de algún hombre
y me entristezco.

Pienso
si el amor apagado puede
servir para algo.
Si es como una ceniza
para mezclar con arcilla
o con agua
o con savia
y hacer una cataplasma
un ungüento
un bálsamo.

¿De qué puede servir
todo el amor apagado?
Lo pongo fuera de mí.
Pienso en alguna cosa
que con el paso del tiempo
consiga cada vez
una hoja más tibia
más azul
más lenta para surgir
más rápida de aplacar.
Una hoja
donde se haya escrito
la idea del amor
alguna vez.
Una idea
tal vez como una pera.
La pera guarda
la forma del amor.
Cuando se pone azul
ya no parece una pera.
Pero quizás
con el tiempo
uno se acostumbre.

De todas formas
me entristece
el papel, las cenizas,
las peras, el azul,
la idea, la costumbre.
Mi gata se da cuenta.
Me lame los dedos.
Me llama como un niño.
Me mira.
Sólo para que sepa.




Mamá

1


Cuando yo tenía doce años no comía.

Mi mamá me decía que me iba a morir.

Pero yo acariciaba mis pómulos,
mis costillas, los huesos de mi pelvis.

No hay nada, mamá, como el sabor de la muerte.

*

Su padre estaba bronceado siempre,
musculoso.

Su padre era el dios del Paraná
y del Salado
y de todos los ríos aledaños.

Parece que mi hermano había heredado
sus ojos.

Los genes saltan generaciones enteras
y el amor

también
tiene sus saltos.





Emma

3
Siempre supe que el té es una gran cosa.

Mi mamá toma té tornasolado
y mi abuela Antonieta, muy severa,
tomaba té para el frío y el calor.

Yo lo preparo tibio, con azúcar
muy ligero, para mi sobrina.

Tomamos juntas
mientras nos miramos.

Le explico que mi té es amargo y fuerte.

Ayer supe que dice la leyenda
que el té nace de los párpados de Buda
enfurecido por su debilidad.

En casa lo tomamos las mujeres
y somos todas fuertes como robles.

También supe que el té es una camelia.

Se lo voy a contar a mi sobrina:
quiero que sepa que tomamos flores.




Ya ninguno de los cuatro recordamos

5

Hermana jabalí:
la inesperada.

El bebé más amado.

A vos también
hubiera querido
eliminarte.

Vos también
me destronaste,

pero eras tan bonita.
Y me necesitabas.

El fuego crepitaba
alrededor
de tu cuna
que olía siempre
a rosas.

Hermana jabalí,
vos eras rosa.

Envuelta en tu mantita
te llevé a ver
la noche

con el hermano tigre
y el hermano
dragón.

Te hamacamos
debajo de los sauces.

No pudimos

impedir
que el dolor
se revelara.

Carina Sedevich nació en 1972 en la ciudad Santa Fe y reside en Villa María, Córdoba. Ha publicado en 1998 la plaqueta “Una nube decapitada y grave” (Editorial Radamanto, Villa María) y el libro “La violencia de los nombres” (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe). En 2000 publicó los libros “Nosotros No” y “Cosas dentro de otra cosa” (Ediciones Lítote, Santa Fe), y en 2012 el libro "Como segando un cariño oscuro" (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba). Parte de su obra ha sido incluida en diversas antologías y blogs de poesía. Actualmente se desempeña como docente universitaria, entre otros trabajos.



Ilustración: Marianela Torrez




Sólo las cosas pequeñas - Leli Busquet

Quisiera compartir a Carina Sedevich tal como se me presentó al leerla; mostrada.

Es cierto, nunca mostramos algo demasiado grande. El vestido de lo pequeño se levanta y vemos lo que sin comprender, aparece y se oculta. Pienso en una mujer pequeña, con ojo pequeño, mirar sin embargo la enormidad y juzgarla.

Miro siempre la misma /columna de estrellas en el sur. / Pienso/ que si algo hubiera cambiado lo sabría.

¿Qué es un juicio en la poesía? ¿Por qué pedimos que el poeta juzgue? ¿Cuándo fue tan libre el juicio como lo es en el poema?

El poeta y acá hablo de Carina, se anima a cancelar un espacio de realidad por un foco preciso y apartado, estrecho, vale decir ínfimo, donde el juicio, esa capacidad de afirmar cómo son las cosas, crece a cuenta de no guiarse por el mundo que lo rige.

Quiero decir, Carina al escribir amplía el mundo que no era.  Espacio que hasta el momento no tenía palabras, como dijera, no tenía ojos. No hablo de la opinión. Hablo de lo que alguien crea cuando dice. Decir es el trabajo del poeta. Trabajar es crear testigos que no estaban.  Así es como leemos las palabras de Carina y nos volvemos inmediatamente sus testigos.

Hermana jabalí: /la inesperada.
Te hamacamos / debajo de los sauces.
No pudimos /impedir / que el dolor /se revelara.

Solo las cosas pequeñas llevan ojos que las miran.


Leli Busquet

Martín Villagarcía - Soy propenso a la oscuridad





El agua no corre pero el mar se expande
al infinito como la cama del insomne
no hallando límites ni horizontes
en la oscuridad de la noche negra.
Las olas se mueven, se acercan
se retrotraen y se transmutan en un reloj
detenido en un instante para siempre.
Traen desde el fondo del mar
polaroids desteñidas por el sol,
carcomidas por la humedad,
viejas voces acoplándose con una antigua
canción de cuna al ritmo de una silla mecedora
dejando apenas entreoír un lejano silbido;
nombres, nombres, pero no hay rostros,
la imagen se deshace con la espuma del mar.
Las olas vuelven y el paisaje se abre,
el mar es una gran posibilidad.
Abajo las rocas imitan a las nubes,
cobran las formas de los sueños olvidados
de los viajes que nunca fueron hechos,
pero todo eso también desaparece.
Sólo queda la distancia entre el cuerpo hendido
y el olor a sal transparente chocándose
violentamente contra el precipicio.
El viento induce a proceder, hace alas
de los brazos y ahora es un pájaro
el que es invitado a volar
en busca de un sitio más cálido.
Uno a uno los sentidos pierden fuerza,
el golpe de las olas es terrible,
pero no es mortal; no se muere del mar.
Todos los recuerdos ahora se encuentran
sumergidos en una misma sustancia.
El mar halla su horizonte,
el cuerpo, perspectiva.

*

Las Nubes

Soy propenso a la oscuridad. Arriba todo se mueve despacio, quirúrgicamente, hasta que no quedan sombras ni luz. Se oyen vidrios rompiéndose, seguro son las ventanas de los edificios abriéndose al tiempo, a lugares encerrados en no-lugares a medida que las nubes en el cielo negro efectúan su danza, sin música ni acompañamiento. Majestuosas, por encima de todos, toman la forma de un sueño abstracto y resquebrajado en el centro y comienzan a moverse más rápido, hasta que todo alrededor se funde en un movimiento frenético. Las nubes se retrotraen, ya no tienen posibilidad de imitar a nada ni a nadie.

*

Llegás con un tarro de vaselina
y una caja de forros,
decís que te gusta el sexo duro.
Yo sonrío, me pregunto
si realmente sabés lo que es eso.
Me embadurnás el culo
Y me ponés en cuatro,
sobre la alfombra que tus papás
se compraron en la India.
¿Pensás contarles alguna vez
que el día que te mueras
yo quiero ser tu viuda?
Me hacés acordar a lo que quise ser,
pero nunca pude.
Lo sabía, no tenés idea
de lo duro que es el sexo en realidad.
A los pocos minutos te tengo hecho manteca
encima mío, susurrándome palabras de amor
que me dan asco,
me tengo que ir.
Te pregunto si me puedo bañar
y me decís que tus viejos están por llegar,
entonces me voy,
es lo que quería.
Camino de regreso
a ningún lado, me compro
un alfajor y te miro desde abajo,
sueño con otra oportunidad.

*

un hombre necesita
a otro hombre
¿para qué?


*

wrapped in plastic

Las montañas y el cielo se acoplan
con las voces en el aire
el agua del río se quedó muda
sin embargo corre
un cadáver envuelto en plástico
ésa es su ofrenda

*

Un molino que es una casa
de madera que se quema
que revienta que se oculta
que tiene secretos
she’s filled with secrets

Ronette vuelve a casa
como todos los días
sólo que esta vez tuvo una epifanía

*

sueño que soy frío
pálido, no- muerto
y cuando me levanto
todavía siento la sangre
cálida en mis labios

*

Afura llueve
pero es sábado a la noche y quiero salir.
Mis amigos no contestan los mensajes
no tengo más ganas de esperar.
Agarro la campera
armo dos churros, guardo la pasti en la billetera
y salgo para Cocoliche.
El 8 va hasta la bolas
todos con la misma energía
viajando al fin de la noche.
Llego y me meto al baño
un tipo le ofrece merca a unos chicos
me pregunta si quiero
y lo dudo por un momento.
No tengo ganas de pensar.
“Gracias” le digo
y le doy un saque.
Me guiña un ojo y se va.
La música suena cada vez más fuerte
es ahora
saco la rola y me la tomo con un trago de agua.
Quiero verme en el espejo
pero está todo empañado.
No puedo esperar más
bajo a la pista y me interno en el sonido.
Las luces giran sin parar
azul y rojo, azul y rojo, azul y rojo
como si estuvieran siguiendo el ritmo.
La música sube y se va poniendo dura
somos cada vez más en este franeleo grupal.
El chico de al lado me sonríe
tiene lentes de sol,
pero sé que me está mirando.
“Tengo keta si querés” me dice al oído.
Quisiera contestarle
pero no puedo mover la boca.
Sonrío y sigo bailando
cierro los ojos
y la música se convierte en el universo.
Estoy poseído.
Alguien me agarra de la mano,
pero no puedo abrir los ojos para ver.
“Inhalá” dice
me tapa una fosa nasal
y aspiro con la otra.
La oscuridad se vuelve colorida
y me borra como una tiza de un pizarrón.
Esto es belleza y feclidad.

*

Alguien me habla por MSN
espero hasta que cargue la foto para contestarle.
Es el chico que me chupó la pija mejor que nadie
y me pregunta qué onda.
“¿Venís para acá?” le pongo
dice que está en el restaurant donde trabaja.
Me siento decepcionado y no entiendo para qué me habla.
“Vení vos” dice
“vamos al baño, siempre tuve la fantasía de coger ahí”.
Le pregunto qué pasa si entra alguien
me da una explicación larguísima.
No entiendo bien qué quiere decir
Pero no tengo ganas de dar vueltas.
“Salgo para allá” le digo
Y me armo rápido un finito antes de salir.
Camino por Rivadavia fumando
llego a Acoyte y veo que el 55 se está por ir
lo corro a toda velocidad
como si tuviera ruedas en los pies
y lo alcanzo.
En el camino me hago una paja mental
imagino su culo húmedo y dilatado
y la pija se me pone dura.
Bajo y camino por Thames hasta el restaurant.
Pido permiso y me mando al baño de una
lo veo de reojo
y me pongo al palo de vuelta.
Entro, me acomodo en el último mingitorio
y me empiezo a hacer la paja.
Vitalic suena a todo lo que da en mis auriculares
entra.
Me guiña un ojo y me agarra la pija
se relame los labios de ganas
y me la chupa ahí.
Nadie la chupa como él
me envuelve el glande con los labios
y lo acaricia con la lengua.
Reclino la cabeza y cierro los ojos.
Siento su aspereza
se me llenan los huevos de leche.
“Pará que voy a acabar” le digo
y lo pongo contra la pared.
Se la apoyo mientras le acaricio los pezones
la cabeza le entra sola en el culo
y se la mando entera.
De repente escuchamos que hay alguien en el baño
en el único cubículo que tiene la puerta cerrada.
Lo miro y dice que sigamos igual
vuelve a chuparme la pija y los huevos
me hace una paja rápido y me pide que le acabe en la boca.
No doy más
y se la lleno toda de leche.
Me vuelve a guiñar un ojo y se va
me limpio como puedo y salgo.
Estoy más caliente que cuando llegué.



Martín Villagarcía nació en 1986. Es Licenciado y Profesor en Letras (UBA), escritor, crítico, artista plástico, performer, fotógrafo y videasta. Publicó las plaquetas de poesía Afasia (Color Pastel, 2006), Farsa (Proveedora de droga, 2007), Cómo desaparecer completamente (y nunca volver a ser encontrado) (Color pastel, 2010), Éxtasis (Capicúa, 2012) y Sinergia (Capicúa, 2012). Colabora con las revistas El Interpretador, No-Retornable y Bazar Americano escribiendo crítica literaria, de teatro, de cine y de arte. Realizó las exposiciones Creepshow (2008), Accidentados (2011) y Devenir Animal (2012) y dirigió los cortometrajes Consumiéndonos (2004) y Espejismos de la noche (2008). Coordina el Cineclub Divine de cine y diversidad sexual, el Club de Lectura de Brandon y el ciclo de poesía y performance Temporada Nuclear. Mantiene el blog “El cuarto abierto” (www.elcuartoabierto.blogspot.com) y una página personal con fotos, ilustraciones y videos (www.martinvillagarcia.com.ar).



Ilustración: Marianela Torrez



Una criatura nocturna - Lía Sosa

Entrar en la poesía de Martín Villagarcía es tirarse un chapuzón a un abismo suave y oscuro, como esponjoso, es sumergirse entre símbolos condensadores de sentidos, sentidos que ni bien se posa la mirada en ellos eclosionan y te mandan de paseo a los más profundo precipicios.
Los poemas de Villagarcía te pueblan los ojos de paisajes enrarecidos de belleza lúgubre y sensual; es un paseo en el lomo de una criatura nocturna en un cielo mutante, un cielo parecido al infierno a veces, a veces a los excesos.
A veces el poeta describe paisajes oníricos y nos habla directamente al inconsciente a eso que nos retumba desde dentro pero no en la mente sino en el cuerpo.
Su poesía es ante todo valiente y desfachatada como mirarse desnudo frente al espejo y sonreír y guiñarse un ojo.

Lía Sosa, agosto 2013.